Michael Jackson me ha dado montones de alegrías desde que tengo uso de razón: sus melodías infecciosas, irresistiblemente pop; sus pasos de baile y coreografías imposibles; sus videos híper-producidos; su época soul-funk con los Jackson 5; su parafernalia y excesos propios de astro musical máximo, supremo. Es demasiada la felicidad, demasiados los buenos recuerdos...Las canciones de Michael han sonado durante toda mi vida, siempre han estado presentes y siempre lo estarán, haciéndome bailar, haciéndome soñar; Billy Jean, Black or White, Beat It, The Way You Make Me Feel, Ben, Don't Stop Til You Get Enough, y tantas, tantas otras. Cada una, asociada a recuerdos específicos de mi infancia. Cada una, ligada a momentos irrepetibles de mi vida...
Michael Jackson introdujo nuevos estándares en la música pop. La calidad de sus producciones, su obsesión por los detalles, el nivel de sus colaboradores (Paul McCartney, Vicent Price, Quincey Jones, Eddie Van Halen, John Landis, Marlon Brandon, solo por nombrar algunos), su energía como intérprete y bailarín, su fijación para con la melodía y el ritmo perfectos, todo ello constituye su legado; el legado de un artista inconmensurable, de un visionario y un genio.
Está claro que Michael Jackson sufría de serios problemas mentales, problemas que hacían parecer a Howard Hughes como un tipo normal. La última década Michael hizo noticia casi exclusivamente por motivos extra musicales: cirugías corrosivas, irresponsabilidad parental, peligro de bacarrota, síndrome de Peter Pan y, lo más grave, acusaciones de abuso de menores. Sus últimos lustros de vida estuvieron marcados por un mediático juicio (¿el mejor y más voyerista reality de la historia?) y por un bizarro estatus de freak de circo, suerte de Frankestein del bisturí, Gólem de quirófano, caricatura de ser humano...
Frente a un cuerpo de trabajo tan sólido, tan recurrentemente imitado pero nunca igualado, tan minuciosamente trabajado tanto en la forma como en el fondo, me es relativamente fácil dejar de lado todo lo rancio de los últimos años y recordar a Michael Jackson, el ícono, por sus mastodónicos méritos: los de maestro multimediático, rompedor de esquemas, ídolo inconmensurable, rey del pop...
Michael Jackson -y lo repito por enésima vez- me ha dado demasiadas alegrías. Es por ello que le estaré eternamente agradecido.
Que en paz descanse.
Michael Jackson introdujo nuevos estándares en la música pop. La calidad de sus producciones, su obsesión por los detalles, el nivel de sus colaboradores (Paul McCartney, Vicent Price, Quincey Jones, Eddie Van Halen, John Landis, Marlon Brandon, solo por nombrar algunos), su energía como intérprete y bailarín, su fijación para con la melodía y el ritmo perfectos, todo ello constituye su legado; el legado de un artista inconmensurable, de un visionario y un genio.
Está claro que Michael Jackson sufría de serios problemas mentales, problemas que hacían parecer a Howard Hughes como un tipo normal. La última década Michael hizo noticia casi exclusivamente por motivos extra musicales: cirugías corrosivas, irresponsabilidad parental, peligro de bacarrota, síndrome de Peter Pan y, lo más grave, acusaciones de abuso de menores. Sus últimos lustros de vida estuvieron marcados por un mediático juicio (¿el mejor y más voyerista reality de la historia?) y por un bizarro estatus de freak de circo, suerte de Frankestein del bisturí, Gólem de quirófano, caricatura de ser humano...
Frente a un cuerpo de trabajo tan sólido, tan recurrentemente imitado pero nunca igualado, tan minuciosamente trabajado tanto en la forma como en el fondo, me es relativamente fácil dejar de lado todo lo rancio de los últimos años y recordar a Michael Jackson, el ícono, por sus mastodónicos méritos: los de maestro multimediático, rompedor de esquemas, ídolo inconmensurable, rey del pop...Michael Jackson -y lo repito por enésima vez- me ha dado demasiadas alegrías. Es por ello que le estaré eternamente agradecido.
Que en paz descanse.







